Texto
de José Blanco para La Jornada.
El
sábado nuestro periódico cabeceó una nota sobre Peña Nieto, de este modo: Hay
quienes lo notan falto de concentración a la hora de emitir mensajes. Qué tal
este par de párrafos de un discurso de EPN frente a los empresarios del Consejo
Nacional Agropecuario:
“Si
realmente queremos cambiar los indicadores del desarrollo social y económico de
México, un sector que es vital para ello es el agroalimentario, porque nos
permite, a través de este, más allá de la contribución, que sin duda deberá
crecer dentro del componente de generación de riqueza del país, lo más
importante es que a cada paso que se dé, a cada avance que se tenga dentro de
este sector, permite ascender la asignatura…
“Sin
duda la inversión en tecnología, aplicada a este sector, es baja, y lo es para
todo el país, donde sabemos que el indicador de ciencia y tecnología aplicado a
la generación de riqueza es bajo en México, dentro de lo poco que se aplica,
menos y poco más es lo que se hace hacia este sector (Milenio, 28/5).”
Algo
está pasando: todo indicaría que el movimiento juvenil #YoSoy132 rompió el hilo
invisible del miedo que ha mantenido atados y paralizados a una gran mayoría de
ciudadanos, y le está dando una vuelta de campana a los números, y el miedo se
apoderó de EPN, cuyo cantinfleo asciende en esta asignatura. Lo mismo ocurre en
el cuarto de guerra priísta y es de imaginarse lo que le estará ocurriendo al
solitario de Los Pinos.
Si
el miedo termina por esfumarse de los indecisos y de algunos que por ahora le
apuestan al harakiri, las izquierdas se enfrentarán a un reto abrumador, si de
lo que se trata es de hacer cambios profundos en la justicia social, en la
economía real, en la operación macroeconómica, en la índole y el propósito del
poder. Lo que parecía un imposible hace un mes, deja de ser imposible: de
pronto emerge a la superficie la verdadera cara de la realidad mexicana que
grandes mayorías no han podido ver, porque el terror no sólo ha estado
apoderado de las mismas porque sí, sino porque se ha cultivado por los poderes
políticos por todos los medios, y ahora han empezado a elevar su volumen,
aterrorizados como se ven.
La
cancha de la justa electoral se está volviendo de hielo, y cualquiera puede
sufrir un resbalón estrepitoso y romperse la crisma. Pero quienes entran con
miedo o pánico a la cancha son quienes han sido los dueños del poder. No quien
aspira a él. Hay una diferencia notoria, aunque no exenta de resbalar.
Hace
tres meses, en conversaciones de círculos de gente suficientemente informada,
el panorama que se advertía era relativamente simple. Se ha creado un producto
mercadotécnico por Televisa desde hace mucho tiempo y, ya se sabe, la Tv domina
a los grandes públicos con las idioteces de su entretenimiento. Está como en
chino que JVM le dé alcance; pero Calderón, que está dispuesto a meter las
manos hasta los codos en los comicios, como sigue estando a la vista, tiene
recursos de gran envergadura para favorecer al PAN. Era muy fácil conjeturar
por dónde vendrían los mandobles de Los Pinos: Calderón va a meter a la cárcel
a dos o tres gobernadores o ex gobernadores priístas, con firmes pruebas en las
manos. Y el centro del discurso sería un hipócrita discurso: el retorno del
priísmo es el retorno de la histórica corrupción que representa. Como dice un
aforismo de Jorge Volpi: EPN, o el guapo Dorian Gray cuyo retrato alberga la
siniestra deformidad del PRI.
Calderón
y el PAN han estado gritando a voz en cuello ese su fallo histórico sobre el
PRI, al tiempo que se destrozan la lengua con la afilada dentadura propia,
aunque dizque disimulándolo.
Pero
llegó nuestro 11-M (el once de mayo fueron los acontecimientos de la Ibero) y
la sopa de los comicios comenzó a hacerse engrudo. AMLO dejó atrás a JVM, y los
planes calderonianos, que están en plena marcha (Yarrington, Eugenio Hernández,
los generales), se volvieron un problema político mayúsculo para Calderón. Los
mandobles contra el PRI, de ese calado, por parte del que está perdiendo la
Presidencia, no favorecen a JVM sino a AMLO. Sobre todo si los mexicanos de una
vez por todas pierden el miedo.
Los
planes de Calderón rodaron. Ahora tendrá que buscar un justo medio en sus
ataques al PRI, de modo que no lastimen demasiado al tricolor, pero lo lastimen
lo suficiente para que al PAN le resulte más barato su negociación con el
partidazo, tanto en lo que respecta al futuro del país, que comparten, como en
su amargo abordaje del espantoso Ipiranga panista en el que tendrá que partir.
Y
Televisa tendrá que comenzar a recoger las varas de los cohetes que venía
lanzando, y admitir que la sociedad ya no sólo ve; ha comenzado a mirar
atentamente.

Puta madre... Cuanta razón.
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