Texto
de Epigmenio Ibarra.
El
miedo puede ser un arma letal. Más cuando el que, desde el poder, lo promueve
logra que quien lo sufre descubra también su otra cara: el odio.
El
miedo despierta los más oscuros instintos; extingue las ansias de libertad;
aniquila al individuo y lo transforma en masa.
El
miedo nos quita lo humano; hipoteca nuestro futuro; amenaza las posibilidades
de convivencia pacífica.
El
miedo es la herramienta que el poder autoritario utiliza para someternos; miedo
a la diferencia, al diferente, al cambio.
Aun
si se sabe que ese cambio, que esa transformación profunda es impostergable.
Que de eso depende nuestra viabilidad como nación.
El
miedo nos impulsa al suicidio como sociedad, como personas.
En
2006 fue el miedo, propagado desde el poder, el que detuvo en su camino a la
Presidencia a AMLO. El que cortó de tajo la transición a la democracia.
El
miedo y la intromisión ilegal de Vicente Fox en el proceso electoral.
El
miedo y las maniobras fraudulentas de Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo.
Y
el miedo y la complicidad del PRI que se quedó con parte del botín y utilizó a
Calderón, solo para intentar, ya legitimado, un nuevo asalto al poder.
El
miedo y la intromisión también ilegal de la Iglesia y de los barones del
dinero.
El
miedo y la tv empeñada en deformar la imagen de un hombre y un proyecto hasta
convertirlo, a los ojos de muchos, en “un peligro para México”.
Una
tv que, escrupulosa, hasta el servilismo, con el manejo de los otros
candidatos, de quienes cuidaba hasta el más nimio detalle de imagen, se
esmeraba en presenta a López Obrador mal fotografiado, peor iluminado.
Una
tv consciente de su poder; del efecto que la gesticulación y el tono de un
discurso de mitin en plaza pública tiene cuando se le lleva, en close up, a la
pantalla chica.
Una
tv que lo miraba con lupa —como no se atrevía a mirar a los otros candidatos— y
expurgaba sus discursos a la búsqueda de posibles gazapos; articulando, a punta
de montaje, un discurso exaltado y radical.
Una
tv que ignoraba, sistemáticamente, las propuestas de AMLO cuando éstas se
expresaban de otra manera; con la altura y la serenidad de estadista que son
también uno de sus rasgos más característicos.
El
miedo, cultivado por la propaganda, sembrado en la pantalla fue, finalmente, el
que hizo a importantes sectores de la población aceptar como buenos los
resultados de una elección que, por principio, debió haber sido revisada a
fondo.
Una
elección en la que, habida cuenta de las irregularidades y el escaso margen de
diferencia entre uno y otro candidato, debió haberse contado voto por voto,
casilla por casilla.
Eso
era lo indicado, lo saludable, lo justo, lo razonable.
Por
miedo, las autoridades electorales no actuaron con honestidad. Por miedo el
tribunal legitimó el fraude.
Por
miedo —y también por conveniencia— los medios electrónicos, los grandes
opinadores de la radio, la prensa y la tv nos quisieron hacer comulgar con
ruedas de molino.
Ese
miedo, hoy potenciado por la guerra de Felipe Calderón, quien se valió de él
para sentarse en la silla y armado con él pretende influir en la elección de su
sucesor, aún subsiste.
Todavía
hay gente que, al mirar el ascenso de AMLO y descubrir que, más allá de lo que
digan las encuestas, éste vuelve a tener posibilidades reales de alzarse con la
victoria el 1 de julio, sigue teniéndole miedo.
Todavía
hay gente que habla de su conexión y similitudes con Chávez; esa patraña
inventada por los publicistas del PAN y Calderón.
Se
olvidan de su exitosa y pacifica gestión como jefe de Gobierno. De la ausencia
en la misma de esas “medidas radicales” que tanto dicen temer.
Se
olvidan de la manera en que operó de la mano con la iniciativa privada. De sus
batallas por los más pobres, de los más vulnerables siempre libradas en el
marco de la legalidad.
Se
olvidan también de cómo, en el marco institucional, enfrentó la intentona de
golpe de Estado del desafuero, se retiró del cargo y luego volvió a él sin
instigar, ya en Palacio y con enorme respaldo popular, al linchamiento de
Vicente Fox, sin promover el odio.
Todavía
hay gente que lo considera, por otro lado, un “lobo con piel de cordero”.
Gente
que habla del plantón de Reforma pero no reconoce que AMLO, quien tenía fuerza
y razón para incendiar el país, hizo una contribución histórica a la paz social
al encauzar, hacia la protesta civil, el enorme descontento popular.
Se
olvidan esos que lo consideran un agitador de su apego irrestricto a la
legalidad. De cómo, armado solo de su palabra, recorrió el país durante seis
años sin llamar a la insurrección, sin convocar jamás al uso de la violencia.
Aferrados
a recuerdos implantados olvidan, esos que aun le tienen miedo a AMLO, que el
verdadero peligro para México resultó ser Felipe Calderón, quien hoy entrega un
país ensangrentado y empobrecido.
Y
olvidan también que el otro gran peligro para México es la insensatez de volver
al pasado; de entregar el poder a quienes por décadas nos han saqueado.
Puede
AMLO llegar a la Presidencia. Por eso habrán de activarse de nuevo los
mecanismos para infundir el miedo en la población. ¿Caeremos otra vez en el
engaño? Yo no. No caí en 2006. No caeré ahora en la trampa. No dejaré que otros
piensen por mí. ¿Y usted?

Yo tampoco, desde el paso Texas, yo soy 132!!!!
ResponderEliminarYO NO. de culiacan SIN yo con #132
ResponderEliminarNota de Milenio ? Ah jijos.
ResponderEliminarYO NO, de sydney australia. #yosoy132
ResponderEliminarHola, tiene mucha verdad lo que dice sobre gente que cree que él es amigo de Chávez, piensan que nos dejará pobres y demás comentarios que no tienen nada de bases. Soy de Los Mochis, Sinaloa y la mayoría de las personas con las que he platicado sobre los candidatos cree en eso todavía, lamentablementes es gente que no le interesa en nada lo que sucede en su país. Yo por mi parte trato de hacer que investiguen por su cuenta y así elijan por quién votar.
ResponderEliminarHoy en clases una compañera me dijo que AMLO no debía ganar porque nos traería pobreza, alegando que no quiere a las empresas extranjeras y que así se perderían muchos posibles empleos. Yo no he leido nada sobre eso, le dije que iba a averiguar para saber si era cierto, yo le contesté que pienso que es mejor que se desarrolle la empresa mexicana, pero me dijo que no hay suficientes recursos para eso, que la gente no los tiene, aunque también me dice que el gobierno ayuda a los mexicanos a que desarrollen su propia empresa. ¿Qué opinan sobre esto? me gustaría saber lo que dicen los que están más enterados.
Esta a favor de la inversión extranjera, siempre y cuando sea buena y no afecte a los bienes de la nación, como el petroleo, al querer democratizar medios, se podría crear apertura a cadenas extranjeras o en la creación e incentivación de PyMes, que hacen que este país crezca, los recursos serán mejor manejados, porque México tiene dinero suficiente para incentivar a los mexicanos, lo que pasa es que se crea un efecto lluvia, en el que el recurso queda estancado en las partes altas del gobierno, empresarios y delincuentes. Por eso no llega a las PyMes, Obrador quiere romper ese cuello de botella, que todo el recurso llega a las manos mexicanas, claro, no nos dara dinero para vivir, sino para aprender a vivir, ya es nuestro pedo si lo aprovechamos o no.
ResponderEliminarPor eso sumo a su equipo gente como Turner o Hellmund que son emprendedores y empresarios expertos, por eso se rodeo de empresarios exitosos, de gente que quiere trabajar, porque se dio cuenta de que hay que enseñar a pescar y no solo dar pescado.
Ok muchas gracias por aclarar, me gusta informarme de verdad para así también informar a los demás y que no crean en cosas que no van.
EliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar