2012/08/20

Caravana por la paz, Javier Sicilia en Tucson, AZ

El discurso de Javier Sicilia está cargado de verdades incómodas para los gobiernos de México y de Estados Unidos por sus estrategias fallidas (a propósito o por incompetencia) contra el crimen organizado y el tráfico de armas, drogas e indocumentados para esclavizarlos o prostituirlos.

Para comentar mis impresiones al respecto trataré de llevar un orden cronológico. 

Cuando llegué al evento me sorprendí al ver que se trataba de un templo presbiteriano. Nos recibieron muy bien y nos enteramos que desde hacía tiempo, en ese lugar, se le daba asilo a los migrantes indocumentados y se les ofrecía comida, agua y un techo pasar la noche, es decir, es uno de los pocos lugares en donde se trata a los seres humanos con dignidad sin importar nada sobre su procedencia. Yo no me considero religioso (no simpatizo con ninguna institución creada por el hombre que se crea depositaria única de la verdad), sin embargo me considero un ser espiritual consciente del imperio de un orden superior en el universo. Todo este rollo es para poner en claro que existen templos con consciencia humanitaria, que prestan sus instalaciones para fines de interés social y que merecen toda mi admiración. Mis también para el hermano vestido de franciscano y con una larga barba (no recuerdo su nombre) que como buen anfitrión nos dio la bienvenida y nos saludó con una bendición.  


Antes de la intervenciones, ya instalado en mi lugar, empecé a platicar con un estadounidense, de nombre John, que viajaba con la caravana de la paz. Me comentaba sobre las críticas que podría recibir Sicilia porque ese mismo día se había reunido con Joe Arpaio, alguacil del condado de Maricopa famoso por tratar a los indocumentados como basura y bueno, creo que no es necesario poner en contexto el tema de la Ley Arizona y sobre cómo la pasan acá los connacionales sin papeles. En fin, John me platicaba sobre las ciudades que visitarían al tiempo que me pasaba una hoja para hacer la petición al presidente Obama de detener el tráfico de armas que solo consigue apertrechar al crimen organizado en México. Su español era perfecto y claro. En ese momento me percaté que entre los asistentes y la comitiva de la caravana habían estadounidenses sajones y afroamericanos (es decir, no de origen latino) que hablaban el español y que estaban ahí por un auténtico interés social. En ese momento pensé en los millones de mexicanos que están en un estado semi-vegetativo haciendo eco de lo que dicen los medios oficiales o simplemente bajando los brazos y callando porque se cansaron, porque ya para qué hacen algo, si de todas formas van a imponer al polichinela, o que ya no dicen nada porque piensan que ya pasó de moda. Que vergüenza que mejor estos güeritos y afroamericanos se indignen y firmen peticiones a Obama, que apoyen a los grupos de migrantes en Arizona y que ofrezcan su hospitalidad a los miembros de la caravana, cuando otros mexicanos piensan que la imposición es agua pasada aún antes de consumarse, que los secuestros, asesinatos, desapariciones forzadas y demás injusticias no son de interés porque no les ha sucedido a ellos o a algún familiar cercano. Que triste ver que mejor los extranjeros quieren ayudar a los mexicanos víctimas de las injusticias que los mismos mexicanos comodones o indiferentes que piden indignados que los dejen trabajar, que no los molesten con nimiedades.

Pero bueno, un aplauso para estos estadounidenses que luchan por reivindicar a sus paisanos caza-mexicanos. No todos los estadounidenses son violentos, no todos odian, no todos se burlan de nosotros. Gracias por la solidaridad sincera de estos seres conscientes que usan sus vacaciones para luchar por nuestros derechos viajando con Sicilia y sirviendo de intérpretes, recolectores de firmas, apoyo logístico y moral e incluso, dando testimonio y participando en los discursos de las víctimas de la violencia que viajan con el poeta.

No mencionaré los detalles del discurso de Sicilia, pues el video lo pueden ver en el link que envío y vale la pena escucharlo en la voz del autor. Una disculpa de antemano, no tenía tipié y me temblaba la mano, pero creo que desde ahora es bueno crear conciencia que todos debemos ser reporteros de la realidad que los locutores maiceados nos quieren ocultar. Como decía, en lugar del discurso estelar prefiero hablar de las víctimas de la violencia, personas que reviven su tragedia cada vez que la cuentan, personas que no pierden la esperanza de encontrar a sus familiares extraviados, personas que defienden su territorio de invasores corporativos y los infaltables del Yosoy132 de Villahermosa y de Tucson. Todos ellos buscando la atención de la prensa extranjera, unos oídos a sus peticiones y sobre todo justicia.  Ellos están viajando de costa a costa, desde San Diego hasta Washington, pasando por otras 22 ciudades, manejando sus carros, usando sus pocos recursos económicos y confiando en la hospitalidad de sus anfitriones, todo con el fin de contar su historia ya que la justicia mexicana es igual de efectiva que el IFE y el portal SPEI, siempre a favor del mejor postor.

Pues bien, los organizadores del evento brindaron el micrófono por máximo 5 minutos a los participantes (eran muchos y ese tiempo alcanzaba para que cada uno expusiera su situación) y tenían como común denominador la falta de voluntad de la autoridad por realizar una investigación del caso. Me disculpo por no mencionar los nombres de los participantes, no los recuerdo de momento (necesito revisar los videos en diferentes dispositivos, pues no tenía pila suficiente y los testimonios están en una cámara, en mi celular y el celular de mi novia), pero vale la pena hablar de cada uno de los casos en diferentes entradas.

Una señora mexicana, que se encuentra viviendo en Estados Unidos, narra sin mucho detalle, quizá por el dolor que le provocaba, como la patrulla fronteriza asesinó por la espalda a su hijo, un niño, el cual era nacional de Estados Unidos por haber nacido aquí. Fue un disparo de un agente fronterizo (el cual yo conjeturo que sigue libre, pues de otra forma la señora no estaría en la caravana pidiendo justicia). Cuando el plomero que acompaña a Mitt Romney, candidato republicano a la presidencia de EE.UU. propone que hay que dispararles a los migrantes en la frontera no está proponiendo nada original, ¡eso ya se está haciendo! como pudimos darnos cuenta por este testimonio. 
 
Otra señora se planta en el presídium y con la voz baja y entrecortada comienza su testimonio. Los organizadores le alientan a que hable más fuerte y comienza de nuevo con un saludo a la audiencia y presentándose. Ella busca a su hermana, desaparecida desde hace varios años y no sabe nada de ella. Sostiene frente a sí una fotocopia de su rostro y un teléfono. No pierde las esperanzas, así como de una forma misteriosa pareció esfumarse de la Tierra, espera que de algún modo  puedan encontrarla, no pierde la fe. Otra señora toma el micrófono, no puede contener el llanto y otra persona muestra una foto de su hija, desaparecida “hace un año y 22 días”, lo cual nos dice que no pasa un solo día en el que no piense en ella o espere su regreso. Su hija se llama Coral, en la foto se ve a una muchacha joven, con una sonrisa. Desapareció misteriosamente en el trayecto de una carretera. Toma la palabra un indígena wixárika de San Luis Potosí. Nos comenta: “así como el vaticano es el lugar sagrado para los católicos o la mezquita en Jerusalén para los musulmanes, así Wirikuta lo es para nosotros y el gobierno nos lo arrebató para ceder la tierra a una compañía minera canadiense”. Con lágrimas en sus ojos se reflejaba su pesar, y añadía que también se planea construir 7000 casas (negocio redondo para mineras extranjeras y constructoras de los amigos del gobierno). No pidieron permiso ni sugerencia de ese pueblo, sólo les arrebataron su tierra sagrada sin más miramientos.

Otro muchacho también denunció a otra empresa en Morelos, la cual por sus procesos demandará mucho gas natural, que llevarán desde Tlaxco, en Tlaxcala, y pasará por tres estados. Mencionó que dicho gaseoducto pasa muy cerca del volcán Popocatépetl (actualmente en fase rojo 1) y ello pone en peligro a gran cantidad de gente a la que no se le informa que cerca de su casa hay un potencial desastre.

Un afroamericano tiene ahora la palabra, nos saluda en español y continúa en inglés para ser más fluido. Sostiene a su niño pequeño en sus brazos y nos habla de la estupidez de su gobierno en el tema de la venta indiscriminada de armas, en la criminalización de razas y el estado deplorable de las prisiones a donde van a parar. En el pasado era el esclavismo, ahora hay nuevas y sutiles formas de segregación. Otro local toma la palabra y también en inglés, narra su paso por las drogas e invita a los concurrentes a no permitir que ningún familiar caiga en ese callejón sin salida. Unas mujeres mexicanas dan información sobre una agrupación que ayuda a las hispanas en EE.UU. que sufren violencia doméstica y acoso laboral, dan sus teléfonos.  Al final de las intervenciones se nos invita a tomar el micrófono y tomar la palabra, algo que al menos yo no esperaba. Parece que los que más se animan a participar son los Tucsonianos que dan su intervención en español. Uno de ellos se muestra muy triste y extrañado. Narra que hacía 10 años él y su familia vivían en San Miguel de Allende, de forma tranquila. No puede creer como en 10 años ha cambiado tanto México. Se le ve con el rostro desencajado, admirado y concluye felicitando a los miembros de la caravana por su valor.

Al final del evento, un señor notó que estaba grabando las intervenciones y me regaló una revista. Contiene la crónica de la caravana por el sureste de México, y antes de que yo le agradezca y le pregunte por el precio de la revista él se adelanta y me da las gracias y se va. Ellos no piden nada a cambio, ni caridad, solo difusión de su situación y justicia.

Me fui del lugar con sentimientos encontrados. Por un lado me sentía decepcionado de todas las autoridades por permitir situaciones tan atroces. Por otro lado me sentí con ánimos, pues la gente ya no está dispuesta a sufrir las vejaciones en el silencio de su casa, sino que armados de valor se van a difundir su caso con la esperanza de que no le suceda lo mismo a alguien más. 

 Elmer Homero

No comments:

Post a Comment