2012/08/26

Caso Assange: Londres lanza ofensiva diplomática en América Latina


Por: Leonardo Boix
En: Revista Proceso

LONDRES (apro).- Gran Bretaña lanzó una ofensiva diplomática en América Latina para lograr apoyo en su posición sobre el caso del fundador de WikiLeaks, el australiano Julian Assange, refugiado desde hace más de dos meses en la embajada ecuatoriana en Londres y a quien el gobierno británico le niega el salvoconducto para viajar a Quito.

La coalición que encabeza el primer ministro británico David Cameron, que desde hace dos años busca mejorar sus lazos comerciales con los países latinoamericanos para reducir su dependencia comercial con la abatida eurozona, montó un amplio ejercicio diplomático, al contactar a la mayoría de las naciones latinoamericanas tanto en sus países como en sus embajadas en Londres, para “explicarles” su posición legal por Assange.


“El gobierno británico está explicando los hechos del caso y destacando que Gran Bretaña actúa de acuerdo a la ley internacional al apoyar la extradición (de Assange a Suecia)”, informó a Apro un portavoz de la Cancillería británica (Foreign Office) en Londres.

Aunque el portavoz oficial no reveló todo el contenido de las notas diplomáticas, sí destacó que éstas explican que debido a que Assange, de 41 años, agotó todas las instancias judiciales en el Reino Unido por su caso de extradición a Suecia, donde es buscado por supuestos abusos sexuales, debe enfrentar ahora a la justicia en ese país nórdico.

“Los comunicados son breves, pero contundentes”, destacó la fuente diplomática a este reportero.

Londres envió notas por escrito y a través de correos electrónicos entre el jueves 16 y viernes 17 de agosto a países como Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil, Colombia y México, ante el temor a eventuales represalias de la región de América Latina contra Gran Bretaña por el caso del fundador de Wikileaks, principalmente en materia de contratos comerciales.

En la carta, el Foreign Office destacó que el Reino Unido “está determinado a implementar nuestra obligación legal de ver a Julian Assange extraditado a Suecia”.

“Nosotros debemos cumplir con nuestra obligación y así lo haremos. Cabe aclarar que no se trata de las actividades de Assange con Wikileaks o su actitud para con Estados Unidos de América. Es requerido por Suecia para responder acusaciones de delitos sexuales serios”, continuó.

“Su caso ha pasado por nuestras cortes. Tras la decisión de la corte el pasado 30 de mayo de este año, él agotó todas las opciones legales disponibles en el Reino Unido para prevenir ser extraditado a Suecia. Luego entró a la embajada ecuatoriana en Londres el 19 de junio. Y desde entonces hemos trabajado pacientemente con las autoridades ecuatorianas, tanto en Londres como en Quito, en negociaciones privadas, para lograr una resolución mutuamente aceptable a la situación”, destacó la nota.

En ese sentido, indicó que Gran Bretaña “no acepta el principio del asilo diplomático”.

“Está lejos de ser un concepto universalmente aceptado: El Reino Unido no es parte de algún instrumento legal que nos obliga a reconocer el derecho al asilo político por una embajada extranjera en este país”.

“Más aún, está bien establecido que incluso para aquellos países que sí reconocen el asilo diplomático, no sea utilizado para los propósitos de escapar a un proceso regular de una corte. Y en este caso claramente esto es lo que ha pasado”, continuó.

Gran Bretaña sostuvo que está “determinada a encontrar una solución legal bilateral” con el gobierno de Ecuador.

“Pero es importante que todos entiendan que como nación que respeta la ley, y que cree en el respeto a la ley, debemos asegurarnos que nuestras leyes sean respetadas y cumplidas”, aseveró la carta diplomática.

El gobierno británico de Cameron había tratado de reforzar desde su asunción en mayo de 2010 los lazos comerciales, de negocios y diplomáticos con muchos países latinoamericanos, principalmente con Chile, Brasil, México y Colombia, pero las tensiones recientes con Buenos Aires por la soberanía de las Islas Malvinas, y ahora con Ecuador por haberle otorgado asilo político a Assange, pusieron en serios problemas un vínculo histórico y complejo que ha estado marcado desde siglos por intereses coloniales, de expansión comercial y de estrategia geopolítica.

En noviembre de 2010, el canciller británico William Hague había afirmado en el emblemático Canning House de Londres, la Casa Latinoamericana en la capital británica, que Londres buscaba nuevas oportunidades económicas, promoviendo la inversión en el Reino Unido.

En esa ponencia, el jefe del Foreign Office llamó a poner un alto a la disminución de la diplomacia británica en América Latina y prometió aprovechar las oportunidades para la cooperación política, el comercio y la inversión entre Gran Bretaña y el continente americano.

“La lejanía del Reino Unido con América Latina se ha terminado y ahora es momento de que comience un cambio”, dijo en su momento el canciller británico, manifestando su determinación “para combatir el rechazo que ha marcado la relación entre el Reino Unido y América Latina en años recientes”.

“Creemos que es el momento para que el Reino Unido renueve su percepción sobre Latinoamérica y las oportunidades que ofrece en cooperación política y comercio e inversión, que beneficiarán a nuestros ciudadanos. Tal vez no hemos hecho lo mejor que podíamos en el pasado reciente, pero ofrecemos muchas de las habilidades y servicios que América Latina requiere en los años futuros”, comentó.

Tanto Hague como el premier Cameron buscaban no dejar que “diferencias” como la soberanía de las Islas Malvinas “fueran obstáculo hacia las relaciones positivas que busca” Londres.

En enero, Hague incluso aseguró en una visita a Rio de Janeiro que “los días de nuestro distanciamiento diplomático” habían terminado.

En ese marco, Reino Unido estaba aumentando su personal diplomático en Latinoamérica, abriendo varias nuevas misiones diplomáticas e incrementando las visitas ministeriales.

Las exportaciones británicas a Brasil subieron un 9% en 2011 tras un salto del 23% en 2010. Reino Unido ha establecido una meta de doblar el comercio con Brasil, México y Colombia al 2015, según Hague.

Sin embargo, la pelea diplomática que se acrecentó en junio pasado con Buenos Aires en el marco de los 30 años de la Guerra de las Malvinas y por la exploración por parte de petroleras británicas en aguas del archipiélago austral, deterioró marcadamente las relaciones diplomáticas y bilaterales entre ambos países, distanciando aún más a Gran Bretaña del continente del Sur.

Las tensas relaciones diplomáticas con Argentina culminaron en la cumbre del G-20 en México, en junio, cuando la presidenta Cristina Kirchner quiso entregar a Cameron, que lo rechazó, un sobre con resoluciones de la ONU llamando al diálogo entre ambos países.

Argentina incluso buscó apoyo de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) para repudiar lo que considera es una “militarización” y “enclave colonial” británico en el Atlántico Sur.

Del mismo modo, Ecuador busca ahora regionalizar el caso de Assange al convocar a una reunión de cancilleres de la Unasur y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), a la espera de otra reunión sobre el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA), esta última para concretar la convocatoria a una reunión general con los cancilleres del organismo.

El respaldo latinoamericano a Argentina y Ecuador frente a las presiones de Londres podría significar un duro golpe a las esperanzas británicas de expandir el comercio con el continente.

De todos modos, para los diplomáticos británicos los gestos latinoamericanos de apoyo a Argentina y ahora a Ecuador “son más bien simbólicos y tienen poco impacto práctico hasta ahora”.

Jeremy Browne, secretario de Estado de Asuntos Exteriores para Latinoamérica, indicó que tanto el tema de Malvinas como la pelea con Ecuador por el futuro de Assange “no serán una barrera para relaciones de trabajo más fuertes con países en Latinoamérica”.

Sin embargo, Matt Ince, analista del influyente Royal United Services Institute (RUSI), un instituto de investigación de defensa británico, mantiene que los intereses estratégicos británicos en América Latina “sí podrían verse amenazados”.

“El Reino Unido tiene una oportunidad de dejar en claro (a otros países sudamericanos) que apoyar la postura argentina y ahora la ecuatoriana por Julian Assange tendrá un costo alto, como unas relaciones menos favorables con Londres”, concluyó.

Jimena Blanco, editora en Londres de las publicaciones especializadas LatinNews Daily y The Andean Group Regional Report, considera que la situación ahora va más allá del asilo político o diplomático, y sostuvo que el “error estratégico” de Londres fue la nota que el Foreign Office envió a Ecuador en la que esgrimía la posibilidad de aplicar una oscura ley local de 1987 (la Legislación de Sedes Diplomáticas y Consulares) para entrar en la embajada y arrestar a Assange.

“Todo esto se añade no sólo a la histórica disputa con Argentina por las Islas Malvinas sino a pequeños encontronazos verbales con el Uruguay, Chile, Brasil, y ahora Ecuador”, agregó.

Para Blanco, la soberanía nacional en Ecuador ha sido uno de los ejes del gobierno del presidente Rafael Correa, como su rechazo a las bases estadounidenses o la reacción ecuatoriana al ataque del ejército colombiano en su territorio, en el que murió un jefe de las FARC.

El uruguayo Francisco Panizza, profesor de la influyente London School of Economics (LSE), consideró que las consecuencias del caso Assange revelan también un desconocimiento de la región y en particular del arraigo que tiene en Latinoamérica el derecho de asilo.

“En la historia de inestabilidad política en América Latina ha habido muchos casos de políticos prominentes y de diferentes colores que han tomado asilo en las embajadas. Y esto siempre ha sido respetado, incluso por los gobiernos más dictatoriales, como el del general Pinochet”, indicó.

Gran Bretaña busca a toda costa mejorar sus relaciones con América Latina, donde quiere ampliar sus lazos comerciales y negocios, aunque resta por verse si las implicaciones del caso Assange marcarán un punto de inflexión en esos vínculos.

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