2012/08/22

Cine Revolucionario: El cine político



Por: Enrique Martínez-Salanova Sánchez

El cine político es un cine que proporciona los elementos suficientes para reflexionar sobre una determinada realidad política. Se debate entre el drama y el documental, proporciona una interpretación de la historia y una reflexión estética sobre el pasado que el espectador hace propia o rechaza ideológicamente.

Desde esta perspectiva, a lo largo de la historia, existe abundante filmografía que presenta al espectador una visión de hechos históricos o novelados en los que la política es el eje central. El nacimiento de una nación, The Birth of a Nation (1915) de D.W. Griffith, El acorazado Potemkin, Bronenosets Potyomkin (1925) y otras de S. M. Eisenstein, cuando las películas en la Unión Soviética debían estar al servicio de la causa revolucionaria y contribuir a la educación política de las masas. 


Tras la guerra Mundial, no puede olvidarse la emblemática Roma, ciudad abierta, Roma città aperta (1945) de Roberto Rossellini, y muchas otras del neorrealismo, cine político en su trasfondo, que lleva a cabo una importante denuncia de la corrupción política, las actividades mafiosas y los problemas sociales de ese momento, o el de la nouvelle vague, en la que el análisis político y social se confunden con frecuencia, pues significa el momento de inflexión del relato cinematográfico. Según R.Barthes el neorrealismo construye un nuevo tipo de imagen que se carga de sentido por su propio espesor, a la vez ético que poético.

 Este cine obliga al espectador a ser testigo de las tensiones que operan entre el mundo real y el de la ficción. El desarrollo de las cinematografías nacionales en la década del 60, el free cinema, el auge del cine político y las diferentes utopías sobre la verdad existencial, desde Visconti, Rossellini, Antonioni, Pasolini hasta Bertolucci, y en la actualidad los Taviani, Ken Loach y el iraní Kiarostami, son posibles a partir de esta inflexión. En Estados Unidos el cine político de F. Capra trata de preservar los valores democráticos y las libertades cívicas.

Pero es la década de los 60 y de los 70 la época privilegiada para el cine político, en Europa como resultado de la política del Mayo Francés del 68, en especial directores como Godard, Karmitz, Rivette y Resnais, el verdadero motor del nuevo cine político, entendido éste como una indagación en las luchas obreras con espíritu de vanguardia. En el Tercer Mundo, sobre todo en América Latina,  emerge con fuerza desde la lucha anticolonial en Argelia y contra la pobreza secular y los modelos revolucionarios de Cuba y de la guerrilla campesina.

Dentro de esta amplia cinematografía se destaca el nombre más emblemático y significativo del cine político mundial, el griego-francés Costa-Gavras, que tiene en su haber relatos de denuncia de lo que fue la dictadura de los coroneles (Z), del estalinismo checo (La confesión), y de la violencia estatal en América Latina (Estado de sitio y Desaparecido). Interesantes films de esa época son La batalla de Argelia (1966) y Queimada (1969) de G.Pontecorvo o Rojos y blancos (1967) del húngaro M.Jancsó y  Novecento (1976) de B.Bertolucci.

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