2012/08/24

Ejército mexicano, beneficiado del narcotráfico y su combate


“Para que un cartel florezca necesita la protección institucional, y esto es corrupción” inicia enfático el escritor mexicano bajo el seudónimo Tomás Borges en entrevista para Los Ángeles Press, y explica que al que más conviene esta supuesta guerra contra el narcotráfico es al ejército.

Borges, con 13 años de experiencia en inteligencia policial, sus libros Maquiavelo para narcos (2008) y El arte de la guerra para narcos (2011) son radiografías del crimen organizado: qué es y cómo opera en México y globalmente. En cada afirmación, el escritor revela una lógica radicalmente distinta a la que ha sostenido públicamente el gobierno de Felipe Calderón, como por ejemplo considerar que el ejército va a combatir realmente a las mafias, mientras que para Borges el ejército en las calles lo ha corrompido más y ha causado más violaciones de derechos humanos a población civil. “Es como querer quitar un panal de abispas a bazukazos”, dice.

Para Borges, el cártel que ha roto las prácticas y sobreentendidos entre las mafias ha sido el del Joaquín “Chapo” Guzmán. Un cártel que no siguió las reglas no escritas de ellos, “que intentó incursionar en territorios que no eran de él y generó los enfrentamientos directos con sus rivales”, sostiene.


Los sobreentendidos de los que habla Borges es “no matar mujeres, niños ni ancianos y respetar los territorios acordados o convenidos entre ellos”. Incluso sostiene que el gobierno mexicano ha hecho alianzas con cárteles, como con el del Golfo, para combatir a los Zetas, “que se han adueñado prácticamente de esa zona y han incursionado en todo el territorio nacional”.

El fracaso de Juárez

A raíz de 2008, año en que se desató la guerra entre cárteles, México experimentó un incremento espeluznante de feminicidios y homicidios de niños y adolescentes, así como se elevó el número de reclutamiento a más 25 mil niños, según cifras de organismos no gubernamentales.

En este contexto, Tomás Borges explica que el programa de “Todos somos Juárez” es un “rotundo fracaso” más de los programas gubernamentales. “¿Por qué? porque tienen a los mismos haciendo lo mismo, sólo cambian los membretes de los programas con nombres rimbombantes”, señala.

Menciona como ejemplo al oficial Vidal Díazleal Ochoa, quien estuvo al frente de este programa en Juárez. Antes fue oficial de la Policía Federal de Caminos, y luego en la Policía Federal Preventiva, donde fue destituido junto con otros cinco agentes federales por las denuncias de haber participado en las narcocaravanas en Cananea, Sonora, donde ejecutaron a 26 personas en 2010. Y pese a que no bajó en ningún momento los índices de delincuencia en Juárez, le dieron la titularidad de la Agencia Federal de Investigación.

“Decía Einstein que sólo un idiota intenta obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo, y es el caso de México en el combate al narcotráfico”, cita el escritor, para referirse a que “siempre son las mismas personas las que dirigen esos programas y que han fracasado y les han dado dinero a raudales”.

Sostiene que los cinturones de maquiladoras en la frontera con Estados Unidos, ha sido uno de los factores que explica el incremento de la violencia y no se detuvo a tiempo. “La explotación laboral a madres y padres que necesitan solventar sus gastos familiares, en zonas fronterizas, dejaron por generaciones a sus hijos solos, en las calles, y primero fueron reclutados por pandillas de barrio y de ahí brincaron a la delincuencia organizada, como es el caso más sintomático de Ciudad Juárez, ya que a los jóvenes los convirtieron en extorsionadores para cobrar derecho de piso a comercios y luego en informantes y asesinos”, dice.

Para Borges esta situación tiene que ver directamente con el gobierno mexicano, que no provee fuentes de trabajo ni políticas eficientes para los jóvenes, mientras que miles de ellos generan un sentido de pertenencia entre las bandas delincuenciales.

“El narcotráfico es como un ecosistema, tratas de aplicar un operativo en una parte y obtienes como resultado el efecto cucaracha”. Juárez es el ejemplo, explica. Un problema que inició con la explotación laboral de las maquiladoras y con los cinturones de miseria que generaba, se dejó crecer la delincuencia hasta convertirlo en lo que es hoy, “un grave problema aparentemente sin control”.


Los beneficiados del narcotráfico y su combate

La corrupción del ejército es clave en el fracaso de la lucha contra el narcotráfico. Así lo ve el analista, quien sostiene que el fortalecimiento del crimen organizado en México no es una situación que se haya dado como imprevisto o por la sola capacidad organizativa y delincuencial de los narcotraficantes. Hay una participación directa y de conveniencia de las autoridades civiles y militares, “siempre lo he dicho”, afirma el escritor, desde 2008.

La militarización de Juárez y en otras partes de México, ordenada por Felipe Calderón, lo que ha hecho es agredir a la población civil, “porque el ejército es corrupto y muchos mandos no saben de inteligencia y están cobrando en todas partes”, apunta sin miramientos. Borges insiste: “a muchos conviene que no termine el narcotráfico, pero específicamente al ejército”.

“Los militares, con Calderón, se registraron en las instituciones públicas como civiles, y cobran en SEDENA, en la Marina, y aparte cobran en la PGR (Procuraduría General de la República) y la PFP (Policía Federal Preventiva), y son unos sueldos estratosféricos”, denuncia Borges. Estos militares tienen sueldos entre 60 mil y 160 mil mensuales por institución y cobran en al menos tres organismos públicos, según el escritor.

Los Ángeles Press revisó el sitio digital de SEDENA, publicado de acuerdo a la Ley de Acceso y Transparencia, y confirmó por teléfono con comunicación social que un general de División, por ejemplo, tenía, en 2005, un sueldo máximo $8,631 pesos (US$663) y un sueldo mínimo para soldado era $2,051 pesos mensuales (US$157). Con la declarada guerra de combate al narcotráfico los sueldos han tenido aumentos importantes y "sobrehaberes" que son compensaciones adicionales otorgadas por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, a partir del combate al narcotráfico.

En 2007, un general de División ya ganaba mensualmente $153,813 pesos (US$11,831) y un raso soldado ganaba $5,391 pesos (US$414), ambos con  sobresueldos, despensa y becas para hijos, que podía oscilar entre veinte mil pesos más para el general de División y unos dos mil pesos más para el soldado raso. Ahora en 2012, un general de División tiene un sueldo mensual de $196,474.00 pesos (US$15,113), mientras que un soldado gana hoy $10,800 pesos (US$830), con sus respectivos sobresueldos y otras prestaciones.

Tomás Borges denuncia también que en esas instituciones públicas a los militares les dan puestos de mando, y “meten a trabajar a sus familiares, a sus amantes, y a sus hijos”. A toda esta burocracia que proviene de la milicia, no le conviene que termine una guerra contra el narcotráfico.

También menciona Borges que “el Plan Mérida es otra llave abierta”. El plan de Estados Unidos que provee recursos para capacitación, entre otros rubros, para el combate a estos crímenes. Sin embargo, señala el escritor, que los militares lo que hacen es “turismo institucional”. Cada mes van a Washington, Virginia, Arizona, España, Colombia, bajo el pretexto de capacitarse, cuando sólo es turismo institucional, dice. “Los resultados los vemos aquí en México. El narcotráfico no se ha podido erradicar, porque no se quiere erradicar, los hechos hablan por sí mismos”.

Para Borges la falta de eficiencia en el combate por parte del ejército y el resto de los organismos de seguridad, se nota hasta en la lista de los asesinados, porque resulta más conveniente toda esta confusión. “No se ponen de acuerdo ni siquiera en eso”.

Dice no haber una estrategia efectiva y son sólo copias y ensayos de otras latitudes, y que han funcionado en otras partes, “pero en México no funcionan porque hay corrupción de funcionarios involucrados y siempre se están reciclando los mismos mandos pese a ser fracasados en esta lucha”.

Los doblemente traidores

En Maquiavelo para narcos, Tomás Borges sugiere a los narcotraficantes publicar la lista de funcionarios involucrados en el crimen, les llama “narcolistas”. Esto a raíz de que muchos funcionarios públicos y militares viven del erario y cobran en las mafias, señala el escritor. “Son doblemente traidores”. Explica Borges que antes siempre detenían al narcotraficante, y que el funcionario que les brindaba protección institucional y los había traicionado quedaba en completa impunidad por ambas partes, por las mafias y por la autoridad. Ahora, al menos una de estas partes actúa contra el funcionario corrupto.

“Parece ser que son los narcotraficantes lo que más han leído mis libros”, dice Borges. Porque después de su publicación empezaron a aparecer las narcolistas de funcionarios públicos que han estado involucrados en la mafia pero jugando el doble papel de autoridad. “Y ahí han caído muchas cabezas y nos hemos dado cuenta quiénes andan dentro”.

Paradójicamente, hay gente que siente más respeto por los narcotraficantes que por los gobernantes, dice el escritor, “porque los gobernantes son mafiosos que se amparan bajo la legalidad para seguir robando y delinquiendo”.

Respecto a los éxamenes de control de confianza para funcionarios y policías como una medida ética, señala Borges, que son una farsa y no sirven para reclutar o depurar las fuerzas de seguridad ni de inteligencia. “Son una atrocidad, porque se gastan cientos de dólares por examen y ya está demostrado que son inútiles y están desfasados. Con una llamada por teléfono pasan los que quieren los jefes”, y no quien realmente tiene vocación de servicio en este campo.

“Mientras el narco recluta a los mejores, la PGR recluta a granel en el metro, y miles de policías tienen títulos universitarios porque ahora se gana más de policía que tener una profesión”.

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