2012/08/20

El México que debió de morir

José Saramago escribió las intermitencias de la muerte, novela donde de manera irónica muestra lo que sucede en un país, donde la muerte deja de funcionar, es decir donde ya nadie muere. En México de repente da la impresión de que la muerte sistémica, es decir, lo que debió de morir en términos de sistema o estructura, parece ser aún está vivo.

Y esta reflexión es a propósito de que al ganar Vicente Fox la presidencia de la república el 2000, se pudo haber diseñado una democracia si no plena, si más efectiva y profunda, aprovechando la tibieza con la que un PRI derrotado actuaba, o por decirlo de otra forma, aprovechando su derrota moral. El país en doce años, pudo haber tenido la oportunidad de ver morir los vestigios de un México desigual y cruel en muchos sentidos, ese país del caciquismo, pobreza, corrupción, ignorancia e insalubridad. Por desgracia no fue así y sobrevive en buena medida.

Si bien es cierto y siendo justos con el México que debió de morir, hubo avances en materia de salud, educación, infraestructura y diplomacia por decir algunos, también se gestaron enormes desencantos en relación a la democracia y sobre todo, respecto a los derechos humanos, hay que recordar regímenes como el de Díaz Ordaz donde murieron estudiantes y hasta hoy a nadie se le ha castigado (en Corea del Sur se encarcelaron a los dos últimos dictadores así como en el caso argentino), pero también hubo exceso de corrupción con López Portillo, donde una camarilla se cree la dueña del país. Qué decir de los cientos de asesinatos de opositores de izquierda en el sexenio de Salinas o la matanza de Acteal, en el gobierno de Zedillo, sin tomar en cuenta los miles de despojos en comunidades indígenas y rurales del país.

Más allá de las negociaciones entre las elites políticas y las maniobras en el Congreso de la Unión para permitir gobernabilidad y demás vericuetos de negociación, es un hecho que a nadie le interesó sepultar al México viejo, al México que caducaba. Sencillamente porque ese tipo de país da dividendos, da plusvalía política, otorga privilegios y poder casi omnipotentes, favoreciendo el típico eslogan de Lampedusa, “todo cambia para que todo siga igual”.

A casi cuatro meses de inicio de un nuevo gobierno, que asumirá el poder con un mal sabor de boca electoral y con una población cansada y en cierta forma polarizada, el México que debió de morir creo se levantará de nuevo casi como Lázaro, con sus vicios, su pobreza, su corrupción (donde Wal-Mart encuentra un excelente nicho), con el peligro de un nuevo caciquismo político el mismo que ha coaccionado a campesino, sindicatos, ¿una vieja o nueva clase política? Que renacerá entre la ambición de tener nuevamente el botín en sus manos, pero que nada o poco se le cree para construir verdaderas transformaciones estructurales.

Y la historia y la literatura nos han contado, que un muerto viviente realmente es peligroso y apesta.

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