2012/08/19

[Opinión] La Jornada - El PAN en el Distrito Federal


Los panistas buscan afanosamente una explicación de la derrota estrepitosa que sufrieron en el país y en una porción que les asombra especialmente, la ciudad de México; para observadores externos, entre los que me cuento, la razón de la derrota es evidente: se quisieron pasar de listos adoptando en el gobierno federal, que alcanzaron hace 12 años, esquemas y malas prácticas similares a los priístas y en ese terreno, éstos, viejos lobos de mar, hoy presumen de un capitán de 15 años, les llevan ventaja y los arrollaron.

En el Distrito Federal, el inefable José Luís Luege, que ha sido enemigo de los gobiernos de izquierda del DF y también de sus habitantes, pretendió dar una explicación según criterio de desplazado de la candidatura. Para él, el error de su partido consistió en el hecho de no haberlo escogido como candidato y haber puesto en ese difícil papel a la señora no militante panista, Isabel Miranda de Wallace.

Se olvida el Ing. Luege que pretendió sin éxito hacer conferencias mañaneras con desayuno incluido, para contrarrestar las conferencias de las seis de la mañana del entonces jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador; se olvida también que desde su actual posición en la Conagua no ha dejado de profetizar para la ciudad de México desastres casi apocalípticos, de falta de agua por un lado o inundaciones terribles por otro, sin otro ánimo que tenernos asustados y preocupados. Hoy a toro pasado, declara usando un lenguaje propio de los varones de la mafia, que se entregó la plaza.

Su compañera de partido encargada de la comisión que averigua por qué se les hundió el barco, doña Cecilia Romero, no deja tampoco pasar la oportunidad de definir los alcances del desastre y elabora sus propias hipótesis. A la Sra. Wallace, le dice, como el novio que quiere terminar una relación sin ofender mucho a su pareja, no eres tú, soy yo.

Para mí, que fui panista cuando este partido era congruente con una doctrina sustentada en principios democráticos, que buscaba el bien común por encima de intereses particulares o personales y proponía la honestidad y la austeridad en el gasto público y el respeto a la dignidad humana, una parte sustancial de la explicación se encuentra en el abandono de esos principios y en la adopción del pragmatismo con ribetes de cinismo, como método de hacer política.

No se trata de inexperiencia, sino de malas intenciones; estuve cerca de jóvenes incorporados al partido de la derecha, cuando éste fue tomado materialmente por los empresarios, que lo convirtieron de un partido de ciudadanos en un partido de aspirantes a burócratas o empleados partidistas o gubernamentales.

Tanto Cecilia Romero como José Luis Luege deben recordar la época en que el PAN, sin subsidios ni fondos mercenarios que los empresarios proporcionan, con el puro apoyo ciudadano, ganaba en el DF diputaciones y superaba los topes que las diversas leyes electorales ponían cada vez más altos, para alcanzar curules.

El cambio de un partido de ciudadanos, colaboradores voluntarios por convicción y no por salario, a un partido de interesados buscadores de chamba, está en el fondo de las explicaciones que buscan; haber relegado la doctrina y las citas de los fundadores a los discursos, haber alejado los principios sustentados, de las prácticas y responsabilidades, debe ser también parte del análisis que hagan para lo que llaman refundar el partido.

También deben pensar y quizá lo encuentren en su entorno cercano, que el confundir y revolver negocios y contratos jugosos con responsabilidades públicas y cargos, ha sido para Acción Nacional un baldón del que no tan fácilmente se puede deshacer.

No es la señora Wallace, ciertamente inexperta en política electoral, ni es tampoco la falta de apoyos de algunos sectores a los que ya no les son útiles; es el abandono de los principios y el haber pactado con lo peor del antiguo sistema. Una buena autocrítica no sale sobrando.

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