Cada
una de las tarjetas telefónicas cargadas con 100 pesos de tiempo-aire,
que el PRI repartió entre los pobres para que votaran por Enrique Peña
Nieto, tuvo un costo de 15 pesos. Si la mafia del copetón mexiquense
adquirió cinco millones de esas tarjetas, como informó Andrés Manuel
López Obrador ayer, entonces pagó por ellas 575 millones de pesos. A
saber, 500 millones por el tiempo-aire y 75 por los plásticos.
Este es un dato en el que nadie había reparado hasta ahora, me explicó
un publicista que le hizo la campaña a varios candidatos vinculados a
Morena en el sureste del país.
A
principios de este año, me dijo, la empresa MarkCom TechSolutions, la
misma que fabricó los cinco millones de tarjetas para hablar por
teléfono obsequiadas por Peña Nieto, envió un folleto a las sucursales
de todas las fuerzas políticas que se preparaban para la contienda del
primero de julio.
En ese documento, MarkCom TechSolutions –firma que pertenece a la
empresaria Estrella Aguilar-- detalló que el precio unitario de cada
plástico –es decir, la tarjeta, más la impresión de imágenes y
tipografía por delante y por detrás, más la bandita magnética y el
código respectivo-- era de 15 pesos.
¿Cuánto dinero lavó el PRI sólo en la compra de siete distintos tipos de
tarjetas de Soriana así como en fabricación de tres tipos de tarjetas
de Monex –Monex Recompensa, Monex Lealtad y Broxed Monex Lealtad
Internacional-- por no hablar de otras de Ixe, Bancomer, Santander y Sí
Vale?
Qué cosa más extraña. Peña Nieto regaló también tarjetas de Monex para
ser usadas fuera de México. ¿Quiénes fueron los afortunados que las
recibieron? ¿Leonardo Valdés Zurita, Vazurita, consejero presidente del
IFE? ¿Maricarmen Alanís, la Gioconda de la sonrisa totalitaria, que fue
presidenta y sigue siendo magistrada del tribunal electoral?
En su edición de esta semana, la revista Proceso –que dispone de información
privilegiada
de la PGR-- dio a conocer que hasta ahora han sido descubiertas 22
empresas fantasmas, que habrían participado en la triangulación de
fondos de origen desconocido, cuyo monto asciende –según las pesquisas
de AMLO-- a 4 mil 500 millones de pesos, que fueron usados por el PRI
para lavar dinero y comprar cinco millones de votos a favor de Peña
Nieto.
Sin embargo, añade Proceso, ni la Secretaría de Hacienda, ni la Comisión
Nacional Bancaria y de Valores, ni el Tribunal Electoral han
investigado una sola de las denuncias presentadas por AMLO y partidos
políticos que lo acompañan.
Faltan 24 días para que se venza el plazo que el Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación (Tribepojufe) tiene para resolver si
declara “presidente electo” a Peña Nieto o invalida el resultado de la
elección.
Quienes sufren porque ya se les queman las habas para que el flaco y
pálido dueño del desvencijado copetito sea ungido como sucesor de
Calderón, nos repiten a diario que el Tribepojufe ya tomó la decisión de
desechar las denuncias de AMLO y que podría dar madruguete el sábado,
cuando la selección mexicana de futbol dispute la medalla de oro durante
la final de los juegos olímpicos de Londres. ¿A qué viene tanta prisa?
¿Por qué tanta insistencia?
La victoria de los jóvenes futbolistas mexicanos y los triunfales pero
escasos resultados de otros atletas de nuestro país en Londres, sirven
por igual a los políticos demagogos y a los merolicos electrónico: unos y
otros los utilizan para ocultar la trágica realidad del deporte en
México.
Cuando Uruguay se convirtió en potencia futbolística planetaria, allá
por la tercera década del siglo XX –me contó Eduardo Galeano hace 10
años en Montevideo--, lo que muchos observadores internacionales
calificaron como “fenómeno”, en realidad fue la lógica consecuencia de
las políticas impulsadas por el presidente Battle en materia de
educación, salud y cultura.
Claro: había campitos de futbol en cada kilómetro cuadrado del Uruguay,
pero en esas canchas jugaban niños y jóvenes que estaban estudiando,
leyendo, pensando, comiendo, creciendo dentro de un modelo de desarrollo
a escala humana.
Hoy, quienes cantan alabanzas a nuestros pocos atletas premiados,
retuercen la matraca ensordecedora y ladran su patético orgullo
nacionalista para encubrir que son cómplices de Elba Esther Gordillo, la
SEP, Televisa y Tv Azteca en la deseducación de millones de jóvenes que
pasan por las aulas –si es que pasan-- para aprender a vivir no como
ciudadanos sino como televidentes, es decir, como consumidores de basura
intelectual y de alimentos chatarra.
Ahora bien, a la mejor tienen razón los que deberían estar documentando
el fraude de Peña Nieto y prefieren acusar a AMLO de limitarse a “juntar
tarjetitas”. En una de ésas, hoy mismo el tribunal proclama el triunfo
del copetón mexiquense. Si esto llegara a ocurrir, por favor, avísenme:
como todos los días estaré en Twitter, en la cuenta @Desfiladero132, por
si ocupan.
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