2012/09/09

La caducidad a un año de la tragedia del Royale

Hay acontecimientos que han cimbrado mi vida; uno no muy difundido y otro que tuvo impacto, incluso mundial. Los dos muy diferentes, pero hermanados por la desgracia.

El primero fue hace varios años, cuando un médico con especialidad en enfermedades infecciosas del IMSS, llegó a verme para decirme que habían muerto más de 100 bebés en el Hospital de Ginecología, en un lapso muy corto de tiempo debido a los problemas de higiene de la Institución. El había hecho varias denuncias al respecto, que me mostró, y nadie había hecho caso alguno.

Por la gravedad del asunto, nos dimos a la tarea de juntar evidencias como las actas de defunción de todos los bebés que presentaban el mismo diagnóstico: muerte producida por infección; a pesar de estas evidencias, las condiciones de higiene no se modificaban en las salas de parto. Entonces decidí difundir la información para ver si podíamos lograr el cambio, no obtuvimos resultados.

Se me ocurrió entonces, hablar con los padres de las criaturas muertas y plantearles que sus muertes podrían estar causadas como epidemia, por la falta de higiene en el IMSS y les planteamos hacer una denuncia por negligencia. Los resultados fueron descorazonadores: ningún padre quiso hacer nada, argumentando “ya para qué”, “contra el gobierno no se puede hacer nada”, “no me quiero meter en problemas”. Nunca he podido entender su posición hablábamos de lo que uno más quiere en la vida: los hijos. El médico fue despedido por el IMSS y terminó trabajando en una conflictiva colonia al sur de Monterrey, dando consultas médicas en $20 pesos.

Este acontecimiento, me hizo reflexionar que si las personas no están dispuestas a defender lo más sagrado de una familia, como son los hijos, ¿estarían dispuestos a luchar por sus semejantes, por su comunidad? Mi respuesta silenciosa fue NO.

El segundo acontecimiento, fue el atentado contra el Casino Royale, desgracia que cimbró a la sociedad nuevoleonesa… pero sólo por unos días.

Este acto de terror, expresó la vulnerabilidad de la ciudanía, la corrupción y la impunidad. Pero también la calidad tan pobre de la ciudadanía en Nuevo León. Un acontecimiento de esta magnitud era para tirar a cualquier gobierno en el mundo.

Algunos de los autores, sabemos que están presos, pero de los intelectuales nadie ha dicho nada.

Recuerdo que mientras las llamas ardían y aún se escuchaban los ecos de dolor, el Alcalde de la Ciudad, en televisión, trataba únicamente de justificarse; hoy ese mismo personaje es Diputado Federal electo a pesar de su ineficacia y de haber llegado a la diputación, dejando la alcaldía abandonada es decir “chapulineando “; las autoridades en materia de protección civil, continúan en sus puestos y el dueño del casino, impune.

El gobernador Medina de la Cruz, responsable de la seguridad de todos los nuevoleoneses, por mandato constitucional, finge que gobierna, mientras su padre hace jugosos negocios de la función pública, como lo han acreditado múltiples medios y el dictamen de lo sucedido en el Casino Royale, que le compete, aún no está terminado.

El presidente Calderón, que se retrató afuera del Casino, con una corona sin flores, prometiendo el esclarecimiento de los hechos, está terminando su gobierno con un lastre de muertos y muchos reclamos sin contestar.

Los familiares de los muertos, pasmados por el dolor, y en algunos casos por interés, están sin encabezar acciones de impacto en la sociedad.

Ya llegamos a un año de ese lamentable acontecimiento, nos encontramos con los casinos llenos, los políticos felices nadando en la opulencia de jugosos negocios que posibilita la función pública y con la desmemoria de todos.

Estos dos hechos que relato están hermanados por una desgracia: el déficit de participación ciudadana y la baja calidad de la misma.

Nuestra desgracia, es producto de nuestra apatía, de un consentimiento silencioso al statu quo, de una desmemoria cómplice.

Muchas veces me siento a contemplar nuestras montañas, percibo su fuerza, y me digo, que la memoria es activa y está vinculada a la acción que genera el corazón y la dignidad, mismas que no tienen caducidad.

Siempre podemos actuar.

Salud y larga vida

Liliana Flores Benavides.

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