2012/09/04

México: La banda presidencial

México enfrentara en doce años una segunda situación excepcional. En el año 2000 cuando el PAN llega al poder se encuentra sin ideas y sin gente apropiada para gobernar (Cosio Villegas dixit), se rompe el esquema donde el presidente saliente lega sus equilibrios de poder, asegurando una transmisión pacífica del poder que reduce las posibilidades de turbulencia; Fox echa mano de los priistas logrando continuidad, y aunque le causa molestia a sus correligionarios, a aquellos que esperaban que se les abrieran las arcas del Estado, le deja una buena porción del poder a los priistas asegurándose de evitar confabulaciones molestas, que tal vez no estaba preparado para confrontar. La aparente contradicción se resuelve a la llegada de Calderón, gracias a que la corrupción en el período de Fox había empezado a crear una elite económica panista que podía desplazar a los priistas y permitir que finalmente se le hiciera "justicia" a los panistas que esperaban empleo y que aprovechan entonces para desbordar su ambición (ej, las casas del círculo cercano d Calderón).

Peña llegara con una situación inédita para los priistas que están acostumbrados a que el primer año lo determinaba el antecesor, y aunque Calderón ha hecho la maniobra de dejar copadas las plazas federales, es de esperarse que menos tardaran los priistas en sentarse que en empezar a barrer para repartirle el pastel a sus amigos.

El primer año respondía al equilibrio de poder del presidente saliente y se iba diluyendo con el tiempo dándole oportunidad al nuevo presidente de acomodar sus fichas sin perturbar al sistema, esto usualmente remataba hacia el tercer año cuando el presidente manejaba las listas de diputados para tener su legislatura. Ahora será un equilibrio del equipo de Peña, el intervino para manejar la lista de diputados, definió algunas candidaturas de gobernador, y aunque debió acomodar a los distintos grupos que a su vez responden al diseño del viejo PRI, se trató de asegurar que las nuevas lealtades se le deban a él. Claro que para lograr esto echó mano de viejos políticos que conocen bien el teje y maneje de la política y de los viejos valores priistas.

Después de doce años de sequía el PRI esta sediento de poder y riqueza. El PAN limitó el empleo y cerró la llave de los negocios, centralizó la corrupción reservándosela para sí mismo, ahora los desplazados vuelven por la "justicia" escamoteada y por la posibilidad de no soltar por tanto tiempo como sea posible, finalmente ya entendieron el elevado precio de la democracia. Pero, dicen algunos, si quieren viabilidad requieren reinventarse, pero la realidad puede ser exactamente la contraria, tal vez serán una fuerza viable si se aferran al pasado, en primer lugar la sociedad no tiene memoria y solamente hace falta una pequeña señal para despertar el optimismo y renovar las esperanzas, bien dice el filósofo: las minorías se equivocan a veces, las mayorías siempre.

Para ver que tan fuerte es el pasado bastaría con una señal, que muchos interpretaron mal, fue la discusión sobre quien le pondrá la banda presidencial a Peña, y el honor cayó en Jesús Murillo Karam, ex gobernador de Hidalgo y uno de los tres políticos nombrados por Peña para manejar la transición antes de nombrar al equipo de transición. Lo que no se entendió es que la discusión no es sobre un acto protocolar, sino sobre un hecho de poder fundamental. Es claro que el PRI se reservó la presidencia de la mesa directiva de la Cámara de diputados para el primer año, porque desde ahí se controla la agenda legislativa y nombrando a Murillo como presidente de la misma, y le agradezco a Raúl Arroyo la ilustración, Peña equilibra el poder de Manlio Beltrones, contrincante de Peña. Una cosa es que aceptara que el sonorense fuera líder de la bancada priista en la cámara y otra que le diera todo el poder para que pudiera enfrentarse al presidente.

Peña tuvo que ceder ante dos viejos priistas (Beltrones y Gamboa) para controlar las bancadas parlamentarias, pero con esto demuestra que se reserva el control real de las instituciones. El mensaje no deja el menor lugar a duda: Quien verdaderamente gobernara es el, con sus propias alianzas y sus cálculos de poder, porque como bien se entiende, la sucesión del 2018 ya empezó y Peña jugará sus cartas para asegurarse la trascendencia.

Dice el chiste que en un acto protocolario, Rogerio de la Selva, secretario particular de Miguel Alemán le musita al oído: Le falta la banda señor; Alemán respondió: como si ahí están Ortiz Mena, Ramos Millán y los otros. No señor, la banda presidencial.

No es la banda lo que cuenta es lo que está detrás.

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