2012/09/04

The Guardian: Periodista Mexicana Lydia Cacho: “No me asusto fácilmente”

Lydia Cacho es una de las periodistas más valientes de México. Sus investigaciones han dado lugar a atentados contra su vida, y ahora se ha visto forzada a huir de su país. ¿Qué sigue?

Por Emine Saner, para The Guardian


En México necesitamos Buenos periodistas. Es importante. Yo quiero estar ahí para ver el cambio. Foto: Sarah Lee para The Guardian

En 2005, se le acercaron varios policías a Lydia Cacho. Estos la metieron en una furgoneta y ella dice que fue “torturada” durante las 20 horas  que lleva trasladarse de Cancún, en el sureste mexicano donde ella vive, hasta la ciudad de Puebla. La amenazaron con abusar sexualmente de ella. Una pistola fue empujada en su boca. Fue un nauseabundo sube y baja. “Un minute pensaba que iba morir, después que sobreviviría”.

Cuando arribaron, una guardia le dijo que seria violada en la cárcel. De hecho, una red de amigos, contactos y activistas entraron en acción y ella fue rescatada. Los atentados contra u vida han continuado, y ella ha llegado a ser muy bien conocida como una de las más valientes periodistas de México. Un reciente estimado pone el número de periodistas muertos desde 2006 en 67.

En medio de esto, Cacho comenzó a trabajar en su siguiente libro

Esta historia dice varias cosas sobre Cacho y el mundo en el que trabaja: presunta corrupción (aparecieron audios que parecían mostrar que su arresto fue orquestado por un hombre del que había escrito, alegando que tenia conexiones con una red de pedofilia), la vulnerabilidad de los periodistas mexicanos, y que Cacho no es alguien quien puede ser silenciada. Su nuevo libro, Esclavas del Poder: Un Viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas del mundo, esta a punto de ser publicado en el Reino Unido. Aunque ha vivido con amenazas de vida por años, se tomo la mas reciente hace cuatro semanas lo suficientemente seria como para salir del país.
El 29 de julio, recibió una llamada a su radio satelital de un hombre que le dijo que era una “maldita perra” que había ignorado todas las advertencias, concluyendo: “Te vamos a enviar a tu casa en pedacitos”. “La forma en que intervinieron con mi radio, tenía que ser alguien con el poder y las maneras”, dijo ella. “Inmediatamente hable a unos expertos en seguridad, uno aquí en Londres, y les conté. Ellos me dijeron que saliera de la casa inmediatamente. Les hablé a mis abogados y me dijeron lo mismo, así que eso hice. Solo tome mi pasaporte y mi bolso y me salí de allí”.
¿Tiene miedo Cacho? Si la pregunta es obvia, la respuesta no lo es. Ella se sienta en una mesa en una oficina en el centro de Londres, en completa compostura, un ocasional destello de ira detrás de unos ojos oscuros. “Yo creo que es absurdo”, dice ella. “Yo digo la verdad, soy una buena periodista y tengo que huir de mi país”. Después dice: “No me asusto fácilmente”. Le han ofrecido asilo en varios países— No solo en esta ocasión, igual en el pasado— pero nunca lo ha aceptado. “Me gusta mi país. [En México] Los buenos periodistas son muy necesarios. Es importante. Yo quiero estar allí para ver el cambio”.
¿Está ella preparada para el tiempo que deba permanecer fuera?
Un suspiro profundo. “Yo quiero volver a casa, todo esta allá- mi casa, mis perros. Estoy tratando de saber quien lo hizo, y exponerlos, es lo único que puedo hacer para salvar mi vida”. Ella cree que la amenaza esta relacionada con su libro, en el que nombra a hombres que ella dice están involucrados en el tráfico sexual en México.
Ella viaja a algunos de los centros mundiales del turismo sexual para reconstruir la historia sobre el próspero comercio sexual, gran parte de ello contado a través de testimonios de mujeres y niños. Conoció a niños rescatados de la esclavitud sexual en Camboya y Guatemala. Una mujer norteamericana que le contó de como sus “empleadores” – ella pensaba que trabajaría como una cantante en un club nocturno- le confiscaron su visa y boleto de avión por varios días y la mantuvieron prisionera en la habitación de un hotel donde fue drogada y violada por docenas de hombres. Una mujer de Venezuela, que escapó de sus traficantes en México, fue capaz de identificar a numerosos funcionarios de inmigración ya sea como clientes o los que facilitaron el pasaje de niñas que eran traídas al país. Vestida como una monja en la Ciudad de México- la única forma segura, decidió, para que una mujer recorriera las zonas controladas por la mafia- Cacho vio niños trabajando como prostitutas en moteles.
Fue notoriamente difícil encontrar figuras sobre el numero de personas que son traficadas y esclavizadas; en 2005, la Organización Internacional del Trabajo dijo que 2.4 millones en cualquier momento dado son traficados a labores forzados, con al menos el 43% de estos forzados a trabajar en la industria sexual, pero es un estimado muy conservador. “El punto del libro era comprender como los mercados internacionales están conectados”, dice ella. “Como reportera, yo estaba realmente frustrada, por que cada vez que entrevistaba a un experto, todos el mundo me decía que no están vinculadas, que esto no es un negocio internacional. Pero lo es”.
Ella fue amenazada a lo largo de su investigación. “En Bangkok, me alojé en hoteles muy lujosos porque era la manera de ver a los clientes ricos europeos que llevan niñas o niños al hotel. Me sentaba en un bar, con mi cámara y alguien siempre venía, un mesero, a decirme: “Ten cuidado, no hagas eso, eres una periodista ¿verdad?” En Camboya tuve que huir de un casino y esconderme en mi hotel”.  Trató de encerrarse en su habitación con muebles. “Pensé que era inteligente”. Se ríe. “Y después pensé: ‘esto es estúpido, tienen armas y yo solo una silla contra la puerta’”.
Antes de iniciar su investigación, Cacho dice que estaba abierta a la idea de legalizar la prostitución, y había escuchado a muchos académicos y feministas que lo defendían. “Luego, mientras mas viajaba, y entrevistaba a mas mujeres, me preocupaba mas”, dice. “Estoy absolutamente convencida que todas las formas de prostitución son solo una manera de normalizar la discriminación de género y la violencia contra las mujeres, y las mujeres son ‘entrenadas’ para ejercer la prostitución, ya que son objetos en una sociedad que quiere tener guetos de mujeres que pueden ser violadas”.
Agrega que ella realmente no cree que las mujeres ‘elijen’ convertirse en prostitutas: “Con el fin de tomar una decisión, tu necesitas tener oportunidades y opciones. Si no las hay, tú no estas decidiendo, solo estas sobreviviendo”. Ella dice que no solo es la idea estereotípica de niños y mujeres que son secuestrados y esclavizados (aunque estos por supuesto existen); hay mujeres que son engañadas y se encuentran debiéndoles miles de dólares a hombres que las controlan. Mujeres, escribe Cacho, que “han sido condicionadas a vender su cuerpo, a creer que la prostitución es la única manera de ganarse la vida”. En Camboya Cacho conoció a una mujer que administra un burdel, que le explicó la manera en que ‘reprograma’ niñas al ‘normalizar la explotación sexual por medio de la sistemática exposición a pornografía.  Ellas deben ser convencidas que son quienes eligieron hacer esto, y deben ser recordadas constantemente que sus vidas no valen nada”.
Incluso las mujeres que conoció, que ganaban miles de dólares, aparentemente libres de dejarlo cuando quisieran, no la convencen de que el trabajo sexual puede ser una opción de trabajo racional y libre. “Después de un momento, cuando profundizas durante la entrevista, empiezan a decirte lo miserable que están y como son maltratadas por los clientes, de como odian el olor de ellos, o de como se comportan los clientes. Empiezan a contarte pequeñas historias que son historias de violencia.
Ella trata de tejer juntos los vínculos que se extienden por todo el mundo. Conoció a la ex esposa de un narcotraficante que describió como las mujeres jóvenes son primero explotadas como prostitutas, luego forzadas a trabajar en sus fábricas haciendo drogas ilegales, y de como contactos se reunieron en Londres, y se formaron con pandillas en México y Cuba. Policías en diferentes países le han dicho cuantos policías, políticos y el poder judicial son clientes de los burdeles administrados por la delincuencia organizada. La maraña que retratada es abrumadora. El comercio sexual esta creciendo, dice, y en parte “porque los políticos en de todo el mundo no están abordando la pobreza. Ellos no están realmente mejorando la vida de mujeres y niñas.
Cacho cree que una de las razones del crecimiento de la pornografía y prostitución es que mientras los derechos de las mujeres están mejorando en varios lugares, “la cultura de masculinidad no ha cambiado en absoluto”. El hecho de que hay hombres, apunta, de Europa y Norteamérica, que “van a México, Venezuela, Camboya, Tailandia a tener sexo con mujeres te esta diciendo algo”. Recuerda a un joven de España que le explicó que utilizo prostitutas porque no podía ser molestado en hablar con las mujeres en su vida cotidiana como iguales. Escribe que le gustaría ver una “nueva revolución masculina… una nueva generación de hombres, no guerreros, no armados, no amenazando con castigo divino, no violentos, hombres que poseen un gran sentido de progreso y justicia.”
Cacho nació en una familia numerosa en la Ciudad de México. Su padre era un ingeniero, su madre, era una psicóloga francesa que estuvo involucrada en el movimiento feminista. “La forma en que veía el mundo fue muy instructivo para mi”, dice ella. “Fue impactante vivir en una casa en la que la igualdad fue implementada todos los días con mis hermanos y hermanas, y después salir a un país que no respeta los derechos de las mujeres”.
A los 23 se convirtió en reportera, y empezó a escribir sobre la violencia contra las mujeres. “Mi editor me decía, ‘Esto es bueno, sigue con ello’. Y yo pensé, si, esto es lo que me gusta hacer”. En 1999, un hombre la siguió hasta el baño de una estación de autobuses en Cancún y le infligió un ataque brutal, en la que fue violada y tuvo varios huesos rotos- un ataque que ella cree fue un “castigo” por su trabajo.
Y así, continuaron las amenazas, especialmente cuando empezó a exponer una red de pedofilia en Cancún para su libro anterior, Demonios del Edén (uno de los hombres sobre los que escribió, Jean Succar Kuri, fue sentenciado el año pasado). Por un tiempo viajó en un automóvil blindado y tuvo guardaespaldas federales; ella prescindió de ellos después de que su auto fue saboteado. “Perdí muchos amigos yo respetaba eso- ellos decían que no querían ser vistos conmigo en público. Mi vida social cambio radicalmente. Uno aprende a caminar por la calle y estar buscando en todo momento señas de que alguien viene, como una motocicleta”.
El efecto sicológico se alivia con terapia, yoga y -hasta ahora- pasar tiempo en su jardín con sus perros, “entrar en contacto con la tierra, la vida. Tengo un sentido de humor. Mucha gente cree que soy rara porque puedo reír de las peores cosas que suceden- no cuando suceden, pero después. Creo que es saludable. Te vuelves cínico si no puedes reír”.
Los riesgos son reales. En abril, su amigo, la periodista de investigación Regina Martínez, fue asesinada. Anna Politkovskaya fue también su amiga: Cacho recuerda que se encontraron dos meses antes de que la periodista rusa fuese asesinada en 2006. Ella busca las palabras: “Realidad. Shock”.

Lo único que podemos hacer es seguir trabajando. (No puede parar- ayer, dice, estaba en su habitación de hotel reenviando una pagina de Facebook, que ella cree es usada por una red de pedofilia, a la Interpol.)

Además de escribir, ella ha fundado un refugio para mujeres en Cancún; el año pasado, proporcionó refugio o ayuda psicológica a 30,000 mujeres que huían de abuso. Cacho nunca quiso convertirse en la historia, pero las amenazas a su vida también atraen los reflectores a su trabajo, y a los peligros enfrentados por sus colegas. “Yo nunca quise una vida tranquila, de lo contrario no seria una reportera o activista”, dice ella.
“Por supuesto, me harto de la política y la corrupción, pero nunca cuestiono mi trabajo. Somos periodistas porque queremos cambiar el mundo”. Sonríe. “Creo que mi trabajo ha hecho una diferencia”.

Slavery Inc: the Untold Story of International Sex Trafficking by Lydia Cacho será publicado el 6 de septiembre por Librería Portobello, a un precio de £14.99. Cómprelo por  £11.99 en guardianbookshop.co.uk
Texto traducido de The Guardian
Relacionado: Entrevista de Lydia Cacho con  Agnès Callamard, directora del grupo de libertad de expresión "Articulo 19" sobre su libro y sobre la libertad de expresión.

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