2013/04/07

¿Cambio, o, “Totalmente Palacio” Vaticano?


¿Cambio, o, “Totalmente Palacio” Vaticano?

Con mil doscientos millones de fieles en su haber, se sienta ahora el primer papa latinoamericano en el trono de San Pedro. La mayoría de los creyentes de este lado del Atlántico festejan, y con razón. Después de haber sido marginado por los europeos, el continente finalmente es reconocido en su importancia durante en el Cónclave, ya que la mitad de los creyentes de esta fe viven en él.
Todo sucede cuando la organización religiosa más antigua de Occidente es cuestionada, atacada y condenada por tribunales civiles, así como por la prensa libre de cadenas. Se destaca la participación y ocultamiento de los crímenes de abuso sexual perpetuados por sus prelados.
En estos tiempos de urgente renovación, un cardenal con una fuerte historia de contrastes, es elegido papa.


Si fuera corresponsal, yo le preguntaría: ¿Será usted un papa más que se refugie en los palacios del Vaticano, con sus secretos, sus negocios turbios y la administración del vasto imperio?, ¿o traerá, como su nombre adoptado lo indica, tiempos de profunda renovación?
¿Hará honor al legado de San Francisco de Asís, quien incluso se despojó de sus vestiduras y su herencia para servir a Dios? ¿Levantará usted el pretigio de la iglesia, desde las cenizas de la opacidad, la avaricia y la corrupción donde hoy se encuentra?
¿Su opción será la transparencia, la justicia y la apertura? ¿Acaso se enfrentará a la Curia, y hará usted la difícil pero necesaria limpieza para sacar a los lobos que acechan dentro de la misma, como bien lo denunció Benedicto XVI?
Dijo él: “El mayor enemigo de la Iglesia no está afuera, si no adentro.”
Me pregunto, ¿cuanto decidió callar Benedicto XVI sobre las intrigas y corrupciones de los grupos de interés, completamente antagónicos a lo “Bueno, Bello y Verdadero?”, todos ideales platónicos.
Me pregunto: ¿Qué va a predominar en este papado de Francisco? ¿Su estilo de vida austero y su decidida caridad para los marginados, o su trayectoria de haber apoyado el autoritarismo militar argentino, así como el conservadurismo?
¿Será su papado una prolongación de alianzas con las fuerzas brutas y arbitrarias por encima de la causas de la justicia, como fue su colaboración con el régimen militar de Videla, que asesinó y desapareció a decenas de miles de ciudadanos?, ¿o reformará las prácticas institucionales de la Curia para transformarlas en herederas del mensaje del Evangelio y las enseñanzas de Jesucristo?
La Iglesia Católica Apostólica y Romana es una heredera de dos grandes contrastes y corrientes históricas.
Por un lado, cuando se convierte en la religión oficial del Imperio Romano, hereda y mantiene hasta la fecha toda su pompa, soberbia y organización vertical antidemocrática, perpetuando los mismos crueles asesinatos durante las Cruzadas y la Inquisición, que ejecutaba el mismo imperio que en su nacimiento, la persiguió.
Por otro lado, reconozcamos que una parte minoritaria de sus prelados y seguidores evangelizan heróicamente el mensaje de Jesús de Nazaret, cuyo enseñanza sustancial es el amor por los más necesitados. La figura de Jesucrito y su mensaje han sido inspiración para cientos de miles de obras de solidaridad y caridad cristiana. Mensaje radical hecho vida por algunos sinceros creyentes, pero muy lejos de las prácticas de la Roma central.
En esta época de Acuario, donde la Verdad triunfa por encima de las sombras: ¿Decidirá el papa Francisco ser luz en la obscuridad? ¿Tomará medidas claras y contundentes en contra de la pederastia con consecuencias punibles con cárcel para los sacerdotes culpables y los obispos protectores y encubridores de criminales? ¿Afrontará con decisión pagar las multitudinarias sumas de dinero que demandan las víctimas o tendrán que seguir peleándolo en los tribunales civiles?
¿Tomará medidas drásticas en contra del documentado lavado del dinero del Instituto para la Obra Religiosa (IOR), o banco Vaticano? ¿Transparentará los gastos, las inversiones y el endeudamiento del Instituto?
¿Castigará a los íntimos cómplices de Maciel que hoy siguen en funciones dentro de los Legionarios de Cristo? ¿A los cardenales encubridores como Norberto Rivera, Mahoney, etc.?
¿Optará preferentemente por los pobres, factura histórica pendiente, desde el testimonio de Jesús, la renovación del Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación?
¿Invitará a que dejen de violar esta misión cientos de miles de monjas, sacerdotes y organizaciones religiosas que se dedican casi exclusivamente a los adinerados, claro, para conseguir herencias y grandes regalos y apoyos?
¿Permitirá que la mujer sea por fin dignificada en el siglo XXI, y se le de acceso a todas las posiciones dentro del clero, o la mantendrán en su rol de tercera categoría, con el consuelo de la veneración de la Virgen María?
¿Habrá una democratización de la Iglesia o seguirá siendo vertical y autoritaria?
¿Será este cargo una continuación del poder terrenal de la institución, aunque revestido del manto de santidad?, ¿o será el papa Francisco, en esa nueva faceta de su ministerio, tocado por el Espíritu y emprenderá una profunda y radical transformación?
¿Su contribución desde Roma será desde la luz del humilde pesebre del niño Dios, y honrando el nombre de San Francisco? ¿O continuará el “estatus quo” desde los lujos de sus palacios llenos de “sepulcros banqueados”, mencionados por el mismo Jesús para denunciar a la hipocresía?
Observamos que muchísimas víctimas, especialmente las víctimas de abusos sexuales, claman que Roma por fin les haga justicia. Las víctimas en México no recibieron siquiera una mención cuando la visita de Benedicto XVI, y eso que México engendró a Marcial Maciel, el más grande enbaucador de millonarios del siglo XX, quien a la vez fue abusador sexual, no solo de seminaristas, sino de sus propios hijos.
Las víctimas salieron de su anonimato para atreverse a denunciar hace apenas unas décadas, y fueron sistemáticamente despretigiadas, perseguidas y silenciadas por los Norbertos Rivera y sus iguales. Una iglesia aliada al poder económico y político para dañar juntos a quien se atreviera a custionar su inmoralidad.
Hoy no son las guerras contra los “infieles” las que debe combatir el nuevo papa, sino su propia obscuridad y la de la institución que él representa.
Por el bien que pudiera llegar a hacerse con el apoyo y poderío de la transnacional más antigua del planeta. Por el bien que la radical transformación de la institución podría lograr beneficiar al pobre, al hambriento, al sediento, al desposeído, al encarcelado, a la mujer, al marginado. Por el bien que compartir parte de su inmensa fortuna económica pudiera trasnformar la civilización egóica en la que nos encontramos, oramos por que el nuevo papa Franscisco sea un digno heredero del santo de Asís, y no un inquilino más del Palacio del Vaticano.

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