2013/04/04

Tierra de nadie

1.- La nueva estrategia anticrimen del renovado PRI para contener a los cárteles del narcotráfico duró apenas cuatro meses en el primer año de gobierno. Tal vez menos.  El proyecto peñista para privilegiar los trabajos de inteligencia militar y civil con el objetivo de ejecutar operaciones especiales sin llegar a los enfrentamientos y al derramamiento de sangre, sigue en marcha pero es inocultable su inoperancia como factor relevante para el cese de la narcoviolencia en el norte, noreste y bajío del país. 

2.- Es cierto; ni militares ni marinos o federales han chocado frontalmente contra el narco en operativos espectaculares desarrollados en zonas urbanas como ocurría antes, cuando el principal fin, en la etapa inicial de la guerra antidrogas, era la captura o eliminación de los capos más golpeables en el espectro del narco.
Pero también es verdad que mientras el Ejército, la Fuerza Aérea, la Marina y la Policía Federal reducen notablemente sus perfiles operativos y sus estrategas diseñan incursiones quirúrgicas para desmantelar cuadros en las estructuras del narco, éste se adueña de territorios, impone su ley, controla la vida de poblados, rancherías, comunidades y ciudades en estados como Tamaulipas, Coahuila, Veracruz, Durango, Zacatecas, Guadalajara, Chihuahua, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y ahora en varios puntos del Estado de México.

3.- En Tamaulipas el terror tiene carta de naturalización. Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo y el sur de la entidad viven niveles de angustia como solo una guerra los puede causar.
La ofensiva (sin respuesta) se extiende a los medios de comunicación y a la internet, en donde bloqueros y tuiteros tamaulipecos cancelaron sus cuentas, cerraron sus trincheras y, solos en la batalla, acabaron cediendo más terreno al narco.
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